Entre carrizo, papel china y recuerdos de infancia, un artesano de El Marqués dedica su vida a crear las figuras que danzan al ritmo de la banda y acompañan las fiestas patronales. Su mayor deseo es que las nuevas generaciones nunca dejen morir esta tradición.
Hay tradiciones que no se aprenden en los libros, sino mirando, intentando y dejando que las manos descubran su propio camino. Para Noé Hernández Venegas, artesano originario de La Cañada, cabecera municipal de El Marqués, la historia de los gallos de carrizo comenzó cuando era apenas un niño y soñaba con hacer sus propias figuras.
Hoy, después de años de trabajo, aquellos primeros intentos se han convertido en un oficio que lo acompaña durante todo el año. Con carrizo, papel china, paciencia y creatividad, Noé elabora los gallos que forman parte de las fiestas patronales de su comunidad, donde estas figuras se levantan al ritmo de la música y se convierten en protagonistas de una costumbre que pasa de una generación a otra.
“Yo toda la vida me dediqué a hacer gallos desde pequeño. Cuando veía el gallo quería hacer mi gallo. Yo empecé con un globo, como tipo piñata, lo forraba de papel, lo emplumaba y le ponía las colas de alambre. Así fui empezando a diseñar mi gallo, hasta que ya hacía gallos grandes de puro carrizo, que es lo tradicional”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
Su aprendizaje nació de la curiosidad. En aquellos años, cerca de su casa había un cañaveral de carrizo y él bajaba para cortar el material, probar formas y descubrir cómo construir una figura que se pareciera a las que admiraba. No hubo un maestro que le enseñara cada paso; fueron sus propias manos, los intentos y el deseo de lograrlo los que le permitieron encontrar su técnica.
“Yo solo fui sacando mi figura y mi gallo. Aquí abajo había un carrizal, era un caño y había mucho carrizo. Yo solo bajaba, cortaba y le intentaba. No hubo nadie que me dijera: ‘Hazle así o así’”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
Con el paso de los años, el niño que experimentaba con papel y alambre aprendió a construir gallos de diferentes tamaños. Algunos requieren dos días de trabajo; otros, de grandes dimensiones, pueden llevar una semana entre el armado, el forrado y el secado. Cada pieza necesita tiempo y cuidado, porque el resultado también depende del clima y de que los materiales estén listos para acompañar las celebraciones.
Pero para Noé, el valor de un gallo no se mide únicamente por sus dimensiones ni por las horas que lleva elaborarlo. También está en lo que representa cuando llega la fiesta: la música de banda, las calles llenas de gente, las familias reunidas y la emoción de quienes levantan sus figuras para celebrar a sus santos patronos.
La tradición que nació en La Cañada también ha cruzado fronteras municipales. Visitantes de Guanajuato, Hidalgo y otros lugares han conocido estos gallos durante las celebraciones y se han llevado consigo una parte de esa costumbre para reproducirla en sus propias fiestas.
“El Marqués ya creció mucho en tradiciones que se basan en las de aquí de La Cañada, porque era la cabecera municipal y era la fiesta más importante. Venía mucha gente de las comunidades, y muchas personas se fueron a vivir a otros lugares y se llevaron ese pedacito de tradición”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
En ese recorrido, Noé también ha encontrado una manera de compartir lo que sabe. Durante años impartió cursos en parroquias y otros espacios, donde niñas y niños aprendieron a construir sus propios gallos. Algunos comenzaron cuando apenas eran pequeños y hoy son capaces de elaborar figuras grandes, con sus propios diseños y estilos.
Verlos crecer y continuar con el oficio se ha convertido en una de las mayores satisfacciones de su trabajo.
“Tenía niños desde chiquitos que ahorita ya hacen sus gallos y ya los bailan. Lo que gusto da es que te ven ahí y luego te enseñan: ‘Mira mi gallo’. Ya los ves y traen su gallo grande y bien hecho”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
La tradición también continúa dentro de su familia. Su hija y su sobrino han aprendido a elaborar estas figuras, algo que le permite mirar hacia el futuro con la esperanza de que el conocimiento que ha reunido durante tantos años no se quede solamente en sus manos.
“Mi niña y mi sobrino ya saben hacer muy bien sus gallos; empezaron desde chiquitos. Eso es lo que me gusta, que nunca muera la tradición, porque mientras haya niños con su gallo, que les guste estar bailando la banda, eso va a seguir”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
Para él, conservar esta costumbre no significa que todos deban elaborar las figuras de la misma manera. Reconoce que han surgido nuevos diseños y que cada artesano imprime su estilo, pero considera que esa evolución es parte de una tradición que sigue viva porque hay personas dispuestas a aprenderla.
En su taller de La Cañada, los pedidos llegan durante todo el año para distintas fiestas patronales. Allí continúa trabajando el carrizo y el papel, como lo hizo desde niño, consciente de que cada figura puede acompañar un momento que las familias recordarán durante mucho tiempo.
Quizá por eso su mayor deseo no es solamente seguir elaborando gallos, sino que algún día otras manos continúen haciendo lo mismo. Que haya niños que miren una figura, se emocionen y quieran construir la suya; que las bandas sigan sonando y que, entre música, colores y celebraciones, los gallos continúen levantándose en las fiestas de su pueblo.
“Aquí estamos trabajando todo el año, para las diferentes fiestas. Estamos tratando de mantener viva la tradición de lo que es el carrizo, la cartonería y el tradicional gallo de las fiestas de La Cañada”.
Noé Hernández Venegas Artesano de La Cañada
Quienes deseen conocer su trabajo o encargar una figura pueden encontrarlo en Facebook, en la página Gallos, Estrellas y Más El Noah, o acudir a su taller, ubicado en calle Camelinas número 134, en La Cañada. También pueden comunicarse al teléfono 442 435 8068.
Porque mientras haya alguien dispuesto a enseñar y alguien más con ganas de aprender, los gallos de carrizo seguirán encontrando quién les dé forma y quién los haga bailar al ritmo de la tradición.
